Domingos 10AM y 12PM

APRENDIENDO A HACER ESPACIO

Querida família de Mar Azul:

Hay cosas que hacemos en Mar Azul que pueden parecer actividades, talleres o programas, pero que en realidad revelan mucho de la iglesia que soñamos ser.

Este fin de semana ocurrió una de ellas en nuestro campus Este.

Más de 20 personas decidieron separar intencionalmente parte de su sábado para participar de un taller que llevaba un nombre que describe algo profundamente importante para nosotros:

Aprendiendo a Vivir en Mesas.
José y Rosaida, nuestros líderes de Mesa, estuvieron preparando a personas de nuestra comunidad para abrir las puertas de sus casas. Para nosotros, una mesa nunca ha sido simplemente una mesa.

Romanos 12:13
13 Ayuden a los hermanos necesitados. Practiquen la hospitalidad.

Creemos en la hospitalidad radical.

Creemos que hay conversaciones que probablemente nunca ocurrirán mirando hacia una tarima, pero sí pueden ocurrir mientras alguien comparte un plato de comida. Creemos que existen personas que quizá nunca aceptarían una invitación a la iglesia, pero aceptarían una invitación a nuestra casa.

Y José y Rosaida retaron los asistentes con una verdad:

El evangelio nos pide las llaves de nuestras casas para convertir extraños en vecinos y vecinos en familia… en la familia de Dios.

Seguir a Jesús es simplemente mirar nuestra casa, nuestra mesa, nuestro tiempo y nuestros recursos y preguntarnos:

¿Para quién puedo hacer espacio?

Y precisamente nuestra hermana Iglesia Ciudad en Jacksonville contestó esa pregunta con un rotundo ¡Para todos!
Iglesia Ciudad comenzo una serie titulada “Sirve La Mesa” en la que invitarán a todos los discípulos en la comunidad a vivir en mesas. Nos sentimos profundamente honrados de colaborar con esta hermana comunidad en su preparación para las mesas.

El domingo en casa tuvimos que hacer mucho espacio


Este domingo me tocó estar predicando en nuestro campus Este. Pero había algo que quería que la iglesia supiera. Después del segundo mensaje tenía que salir rápido y no porque tuviera otra predicación.

Aunque pensándolo bien este fue el mensaje más importante que predique este domingo y lo predique en el patio de mi casa.

Le dije a la iglesia que tenía que salir para llegar a casa y preparar, junto a Cristina y mis hijos, una mesa para todos los mentores y colaboradores que habían servido durante el campamento de Metro.

Durante varios días ellos:


Escucharon.

Abrazaron.

Oraron.

Durmieron poco.

Limpiaron.

Cocinaron.

Acompañaron conversaciones difíciles.

Estuvieron disponibles.

Y nosotros simplemente queríamos hacer por ellos lo que ellos habían hecho por tantos otros: servirles.

Así que abrimos nuestra casa e hicimos espacio.
Francisco operó como el “pit master” junto a Alexis quienes se encargaron de preparar unos 60 hamburguers y cerca de 300 alitas BBQ.

Comimos, hablamos, nos reímos y luego hicimos un gran círculo y comenzamos a escuchar historias.

Una vez más escuché que muchos llegaron al campamento pensando que iban a hacer algo por nuestros jóvenes, pero terminaron descubriendo que Dios también había preparado el campamento para hacer algo en ellos.

Por eso, cuando les preguntamos:

“¿Lo volverían a hacer?”

La respuesta no me sorprendió pero sí me llenó de alegría.

¡Todos dijeron que lo volverían a hacer!


Volverían a hacer espacio en su agenda para servir nuevamente.

Y mientras los escuchaba, mi corazón comenzó a adelantarse un año. Comencé a imaginar lo que pudiera ocurrir el próximo verano. Este año estuvimos cerca de impactar a 400 jóvenes entre nuestros tres campamentos.

Pero ya estamos soñando con el próximo.

¿Qué pasaría si el próximo año servimos a 600 jóvenes?

Yo no sé exactamente cómo lo vamos a hacer. Pero sí sé por qué vale la pena intentarlo: Vale la pena intentarlo porque la fe de la próxima generación vale todo nuestro esfuerzo.

Y JUSTAMENTE EN MESAS…


Y justamente alrededor de mesas, 14 parejas dieron también un paso importante esta semana. Distribuidas en cuatro mesas distintas, estas parejas que han decidido honrar el pacto del matrimonio y prepararse para vivirlo conforme a la Palabra de Dios fueron enseñadas, acompañadas y formadas por un grupo de líderes de Amor Azul.
Me encanta pensar que mientras en un lugar preparábamos personas para abrir las puertas de sus casas, en otro estábamos ayudando a parejas a fortalecer lo que ocurre dentro de ellas. Porque también creemos que matrimonios saludables no aparecen accidentalmente: necesitan verdad, comunidad, conversaciones honestas y personas dispuestas a caminar junto a otros. Una vez más, Dios utilizando una mesa para formar una familia.

PUNTO DE PARTIDA TAMBIÉN TERMINA EN UNA MESA

Esta semana comienza un nuevo ciclo de Punto de Partida en nuestros campus. Más de 100 personas han decidido darse la oportunidad de explorar su fe, hacer preguntas, acercarse a la Palabra y descubrir cuáles pudieran ser sus próximos pasos con Jesús. Eso es precisamente lo que celebramos cada vez que comienza un nuevo ciclo: nuevas oportunidades de parte de Dios para sus hijos.

Pero me encanta que, de alguna manera, Punto de Partida también nos regresa al corazón de esta carta: la mesa. Porque nuestro deseo no es simplemente que estas personas terminen una experiencia o completen un proceso. Queremos retarlas a seguir caminando, a convertirse en discípulos de Jesús que no viven su fe solos, sino acompañados por otros. Queremos que aquellos que llegaron explorando su fe terminen encontrando un lugar donde sentarse, pertenecer, crecer y continuar siendo formados. Punto de Partida comienza en un gran circulo que termina con nuevos discípulos sentados alrededor de una mesa.

Oremos por este nuevo ciclo.

Mira bien esta foto

Quiero que mires la foto aérea del estacionamiento terminado del campus Oeste.
Quizá para alguien que no sepa esta foto sea simplemente asfalto, pintura y líneas de estacionamiento. Para nosotros no. Nosotros sabemos el largo y fiel camino que recorrimos para llegar hasta aquí. Conozco las conversaciones, las decisiones, las personas que trabajaron, los que resolvieron problemas, los que aparecieron cuando hacía falta y todos los que durante este largo proceso decidieron ayudar.

Así que primero: Gracias a Dios. Y después, gracias a cada persona que de alguna manera fue parte de hacerlo posible. Pero quiero recordarte algo que a veces podemos perder de perspectiva.

Cuando ves un estacionamiento terminado, cuando ves cientos de jóvenes en un campamento, cuando ves una Mesa abriendo sus puertas, cuando ves casi 100 personas comenzando Punto de Partida hay algo que conecta todas esas historias.

La generosidad de nuestra iglesia.

Tus diezmos y tus ofrendas no desaparecen cuando los entregas. Se convierten en misión. Se convierten en un campamento. Se convierten en piscinas para bautizar a casi 100 jóvenes. Se convierten en materiales. Se convierten en un estacionamiento. Se convierten en un espacio donde alguien puede escuchar acerca de Jesús.

Es un círculo de generosidad: Dios provee a través de su pueblo y su pueblo utiliza lo
recibido para seguir sirviendo a otros.


Por eso, cada vez que alguien se me acerca y me pregunta:

“Pastor, ¿cómo puedo ayudar con alguna necesidad de la iglesia?”

Una de las primeras cosas que vienen a mi corazón es responder:

Sé fiel. Sé consistente con tus diezmos y tus ofrendas.

Porque quizá pensamos que para hacer cosas extraordinarias siempre necesitamos una ofrenda extraordinaria. Pero no necesariamente. Lo extraordinario ocurre simplemente cuando muchas personas deciden ser ordinariamente fieles.

La misión se sostiene con personas que deciden vivir generosamente semana tras semana. Y me llena de alegría ver cuántos de ustedes han crecido precisamente en esto. Personas que han descubierto que dar es participar personalmente de lo que Dios está haciendo.

Y hablando de participar personalmente …

La semana pasada les conté sobre el reto de La Soga de 100

El 12 de septiembre, durante el 5K RunLab Challenge, quiero intentar correr junto a una soga de 100 personas amarradas.

100 personas.

Una sola soga.

Saliendo juntas.

Y comprometiéndonos a llegar juntas.

Pero quiero contarte por qué decidí hacer este reto. No es simplemente porque creo que pudiera convertirse en una imagen extraordinaria. Lo decidí porque me di cuenta de que nuestra iglesia hermana Casa de Bendición sería bien animada por esto.

Durante casi dos años hemos hablado acerca de ayudarnos a llevar las cargas de otros.

De aparecer.

De acompañar.

De no dejar a nadie atrás.

De vivir el evangelio de una manera que pueda verse.

Y creo que como iglesia no solamente tenemos la responsabilidad de enseñar estas cosas.

Tenemos la responsabilidad de modelarlas.

Y ahora queremos hacer espacio para ti en la soga de 100 personas.
Porque quizás una de las maneras más sencillas de describir el evangelio que estamos tratando de vivir sea está: Jesús hizo espacio para nosotros y ahora nosotros hacemos espacio para otros.

Con amor,
Pastor John

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