Domingos 10AM y 12PM

Ninguna oración queda en el suelo

Querida familia de Mar Azul:

Esta semana les escribo desde la alegría de haber visto cómo, una vez más, fuimos enviados como iglesia a compartir las buenas noticias del evangelio, en forma de una carrera.

Salmo 116:1-2 (NVI)
Yo amo al Señor porque él escucha mi voz suplicante. Por cuanto él inclina a mí su oído, lo invocaré toda mi vida.

Para mí fue una experiencia muy especial. Por primera vez logré completar una carrera amarrado junto a mi esposa y mis hijos. Y mientras corríamos, recordaba a tantas personas con quienes también hemos recorrido el camino de la fe, sirviendo, soñando y trabajando juntos para construir el Reino de Los Cielos. ¡Qué hermoso es saber que no corremos solos!
La enseñanza más grande llegó cuando la carrera ya había terminado.

Mientras recogíamos la basura del estacionamiento, Natalia, nuestra líder central de Contigo, y yo encontramos varios de los tags amarillos donde las personas habían escrito sus peticiones de oración. Mientras los recogíamos del suelo, Natalia compartió conmigo algo que Dios le estaba enseñando: «Así como estamos recogiendo estas peticiones, ninguna oración queda tirada en el suelo delante de Dios».
¡Qué hermosa verdad!

Ninguna oración pasa desapercibida. Ningún clamor queda sin ser escuchado. Nuestro Dios nos ve, nos escucha y se mueve en compasión hacia nosotros.

Familia, esta semana quiero recordarles precisamente eso: ¡Ninguna de nuestras oraciones queda en el suelo! Podemos seguir corriendo, sirviendo y orando con la confianza de que tenemos un Padre que escucha.

¡Les amo y doy gracias a Dios por el privilegio de correr esta carrera junto a ustedes!

Con mucho amor,
Pastor John

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