Domingos 10AM y 12PM

Estrecha es la puerta… también en el estacionamiento

Familia Mar Azul:

Esta semana sigo procesando lo que vivimos al completar un 5K con 102 personas unidas por una soga. Fue extraordinario, pero no fue fácil. Esta vez la experiencia fue más retante y demandó mucho más de todos los que participamos.

Todavía me pregunto cómo lo logramos en 42 minutos. Teníamos una misma idea, pero también 102 realidades: distintos ritmos, fuerzas, expectativas y maneras de enfrentar la dificultad. Estoy tomando tiempo para pensar, escuchar a quienes participaron y pedirle al Señor que me ayude a procesar lo que vivimos antes de compartir algunas de sus lecciones.

Por ahora puedo decirles esto: ¡lo logramos!
Pero no se detiene la soga aquí, primero este sábado a las 6AM estaremos “amarrandonos” a Kilometros de Cambio en un Fun Run gratuito en San Juan. Esa mañana compartiremos con todos los que se den cita la experiencia de correr o caminar en una soga. Los detalles de esta actividad saldrán pronto en la página de instagram de RunLab ya que el lugar y la hora exacta estaba por cuadrarse.

El 24 de octubre, en nuestra carrera insignia en Mar Azul Oeste, tendremos otra oportunidad de experimentar lo que significa unirnos a una soga, esta vez en un ambiente familiar. Ya hay casi 500 personas registradas, y quisiera invitarlos a comenzar desde ahora con una oración: “Señor, ¿qué quieres enseñarnos esta vez?”
Además, seguimos apoyando al campus Oeste y a nuestra academia en el sueño de construir el techo de la cancha. Observen el progreso hasta el momento…

Amando nuestra comunidad.

Siempre estamos pensando en como ser buenas noticias para nuestras comunidades. Es por eso que quiero celebrar la forma en que El Campus Oeste sirvió a la comunidad de Pedernales la semana pasada. Se nos unieron estudiantes de la escuela Segundo Ruiz Belvis para compartir alimento y orar por las personas que lo recibían. Qué hermoso ver a distintas generaciones aprendiendo a servir como Jesús nos enseñó.
Esto es parte de lo que nuestros campus hacen cada mes en sus comunidades aledañas. Gracias a cada persona que prepara, organiza, entrega, escucha y ora. Buscar primero el Reino también se ve así: haciendo espacio para la necesidad de alguien más.

Otra expresión hermosa

Otra expresión hermosa de esa vida en comunidad es lo que estamos viviendo en Puentes del campus Metro, donde 160 mujeres están construyendo relaciones que las ayudan a descubrir qué significa volver a lo esencial. Al encontrarse, escucharse y acompañarse, van haciendo espacio para que Dios trabaje en sus vidas. Estamos viendo su crecimiento espiritual y cómo estas relaciones las ayudan a caminar en la fe.
Quiero felicitar a Mónica, a las líderes de Puentes y a todo el equipo de trabajo por el amor, la dedicación y el cuidado con que han servido a estas mujeres. Detrás de cada encuentro hay personas que oran, preparan y cuidan los detalles para que otras puedan sentirse recibidas y acompañadas. Gracias por ayudarlas a volver a lo esencial: poner a Jesús en el centro y aprender a caminar con Él en comunidad.

Y precisamente sobre hacer espacio quiero compartirles algo que viví este domingo.

Creo que el Señor acomodó las circunstancias para que yo llegara a la segunda experiencia del campus Metro justo cuando necesitaba ver algo. Habían comenzado trabajos de Acueductos en calles aledañas, sin que lo supiéramos, y el acceso se había complicado muchísimo. Vi a un vecino muy molesto por el tráfico, a jóvenes intentando orientar a quienes llegaban y a algunas personas frustradas porque tenían que dirigirse al estacionamiento del avión.

Con dos experiencias llenas, llegar al campus Metro puede convertirse en todo un reto. Oficialmente hay que luchar para llegar a nuestras experiencias, servicios o “cultos”. Hay que hacer fila, esperar y, en ocasiones, estacionarse más lejos de lo que uno quisiera. Entiendo que eso puede ser incómodo. También entiendo que nuestros vecinos necesitan poder entrar y salir de sus hogares, y que debemos escucharlos y cuidar nuestra relación con ellos y por eso hacemos todo lo humanamente posible para servirles bien.

Así que esta semana, mientras pensaba en todo esto y en cuánto esfuerzo, cuántas ideas y cuánto trabajo ponemos para que cada domingo ocurra lo que vivimos como iglesia, no pude evitar sentirme profundamente agradecido y orgulloso de aquellos que literalmente entregan parte de sus vidas para hacerlo posible. Pienso en Daniel, sirviendo en el Puerto Exterior, y en cada uno de los voluntarios que semana tras semana están allí. A ellos los aplaudo y, de verdad, me quito el sombrero.

Pero mientras pensaba en ellos, sentí que el Señor también me confrontaba con algo.

Cuando queremos ir a un parque de diversiones, somos capaces de montarnos en un avión, viajar horas, pagar cientos de dólares simplemente para entrar y luego esperar dos, tres y hasta cuatro horas en una fila para disfrutar de una experiencia que, por más divertida que sea, muchas veces dura menos de sesenta segundos. Viajamos, pagamos, esperamos y nos esforzamos por una experiencia pasajera, para divertirnos.

Y, sin embargo, cuando se trata de lo eterno, de lo milagroso, de encontrarnos con Dios y ser transformados por Él, a veces un pequeño contratiempo es suficiente para que algunos se rindan. Quizás por eso Jesús dijo:

Mateo 7:13–14 (NVI):

Entren por la puerta estrecha. Porque es ancha la puerta y espacioso el camino que conduce a la destrucción, y muchos entran por ella. Pero estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce a la vida, y son pocos los que la encuentran.

Te repito estas palabras de Jesús:

... estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce a la vida, y son pocos los que la encuentran.

Por eso, si alguna vez tenemos que caminar un poco más, esperar, estacionarnos más lejos o superar algún inconveniente para reunirnos, adorar, escuchar su Palabra y estar en comunidad, quiero recordar que ese esfuerzo es pequeño comparado con el privilegio que tenemos. Y es aún más pequeño cuando pensamos en tantos hermanos alrededor del mundo que recorren kilómetros, enfrentan persecución, peligro y enormes sacrificios simplemente por tener la oportunidad de reunirse con otros creyentes.

Durante las próximas semanas, en cada campus seremos aún más intencionales en establecer, comunicar y reforzar un flujo de estacionamiento que refleje el Reino de Dios. Repasaremos con nuestros líderes, colaboradores y comunidad los espacios designados, las instrucciones de acceso y la manera en que recibimos a quienes llegan. Queremos que ese orden exprese hospitalidad, consideración por nuestros vecinos y disposición para servir.

Quienes ya somos parte de esta comunidad tenemos la oportunidad de dar el primer paso: utilizar los espacios que nos corresponden, recibir orientación con humildad y facilitar la llegada de las visitas.

Mi oración es que tengamos un corazón dispuesto a buscar, aprender y permitir que Jesús forme nuestra manera de vivir. Que su Reino se vea cuando nos unimos a una soga, cuando compartimos alimento, cuando acompañamos a otras personas a volver a lo esencial y cuando cedemos un estacionamiento.

Hoy podemos decir con claridad que en Mar Azul:

... estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce a la vida, y son pocos los que la encuentran.

Con amor,
Pastor Jonathan Ocasio

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